lunes, 23 de junio de 2014

Día de presumir

Hoy es el día de presumir.



Hoy me toca presumir que tengo la mejor salud que he tenido desde que tenía 13 años.  =) Y sí, claro. Mucho mejor que muchas personas que conozco.

Hoy me toca presumir que aunque no hago ejercicio regularmente, puedo correr 2 km. Que como mucho más de 5 verduras al día. Que a pesar de que no estoy a dieta, me mantengo en un peso razonable (me gustaría volver a mis 54 kg, pero eso será para otra ocasión). Que ya no me dan tics nerviosos al dormir. Que mi humor está mucho mejor regulado (lo cual se traduce en más felicidad). Que ya no me duelen las articulaciones y que siento la energía de una niña.

Hoy me toca presumir.

Hoy presumo que he logrado lo que mis doctores pensaban que era imposible:  Curarme sin medicamentos. Me curé de fibromialgia, de mis desórdenes hormonales, de una colecistitis amenazadora, de la gastritis, de la colitis, la acidez (¿qué es eso?), del dolor al comer, del dolor al evacuar, del dolor al caminar. Llevo una vida sin dolor (la mayor parte del tiempo) y eso me hace muy feliz.

No sé si estoy 100% curada (tendría que ir con un doctor para ver eso), pero para el caso no me importa. Yo me siento bien y mis hábitos se refuerzan día a día. Es díficil, especialmente cuando ALGUIEN compra alfajor en el supermercado o tostadas sin gluten. O cuando las carnitas de la esquina huelen tan rico.

Pero vale la pena. Aún falta erradicar por completo la piel geográfica (ahí la lleva, ahí la llevo) y regular bien mi sistema reproductor. Pero mi vida es totalmente diferente a como lo era dos años atrás. Incluso  mi personalidad, creo.

Ya cumplí un año siguiente el protocolo autoimmune y un poco más de un año siguiendo la dieta Paleo. Y estoy mejor que nunca.

Y me demostré a mí misma que la fuerza de voluntad sí existe.

viernes, 20 de junio de 2014

Disfrutando

¡Ah! 

Hoy tiré la basura que se había estado acumulando en mi jardín, en la cocina, en mi casa. Y se siente bien :) El problema ahora será como evitar que se genere nuevamente esa basura. 

Pero, no importa eso ahorita. 
Simplemente hay que dejarse llevar. 

La vida es para disfrutarla. 


jueves, 12 de junio de 2014

Jugando en el río

Esta foto se titula: "Tortu jugando con lodo".

Lo malo es cuando empieza a secarse...


La pongo porque me gusta recordar esos buenos momentos, en los que uno se deja llevar por las niñerías, por flujo del río y de la vida. Ya no quiero pelear más, ya no quiero dañar más. Tampoco quiero extrañar y sin embargo, lo hago.

Pero espero que siempre haya tiempo para jugar en el lodo. ¿Vamos al río?

martes, 10 de junio de 2014

Bonito

Todas las noches muero. 
Todas las mañanas nazco. 

Y todo me parece tan bonito. 



"El pasado no regresa ni aunque nos arranquemos los cabellos de tanto desearlo. Somos nosotros los que lo revivimos, una y otra vez, recordándolo sin cesar."
-C. R. L.                      

Simplemente, mi vida es hermosa.  

¿O son simplemente mis hormonas?  De cualquier manera, no me canso de admirarme. Todo es tan bonito

lunes, 9 de junio de 2014

Palabras

"La Masonería no nos necesita. La masonería existió mucho tiempo antes de nosotros y seguirá existiendo mucho tiempo después de que muramos. Nosotros necesitamos a la masonería." 
V:. G:. M:. J. M. M. 



Y solamente así, una frase, una palabra, se puede quedar grabada en la mente de manera involuntaria.  Las palabras son lo más poderoso de este universo. Es la representación de lo divino, de lo humano y de lo demoniaco. Tienen el poder de hacer y deshacer. 

Simplemente, el lenguaje es lo que nos ha hecho humanos.

viernes, 6 de junio de 2014

Al que canta


Señor,
al hombre que canta
ponle canas en sus sienes,
ponle arrugas en la frente,
ponle piedras en su camino,
y ponle abrojos en sus zapatos.

Pero señor,
no le quites la voz al hombre que canta,
porque muere porque no canta.


-Prof. Magdaleno Montes

jueves, 5 de junio de 2014

Olvido involuntario

Lo siento, en realidad lo siento mucho... pero no puedo recordar tu cara. Ya ni siquiera puedo recordar tu voz. Creo que si la escuchara nuevamente la reconocería, pero no estoy tan segura. Tengo un vago recuerdo de cómo hablabas, de cómo te movías, de las cosas que decías, lo que te gustaba... cómo te vestías. Pero son muy tenues esas impresiones. 

¿Por qué te he olvidado? 

Aún te sigo soñando, aún te sigo pensando. En mis sueños... sé que eres tú, pero no es tu voz ni es tu cuerpo. Te pareces un poco, pero ya no existes más ni en mis sueños. No sabes lo que daría por poder recordarte por completo, como recuerdan otras personas. ¿Por qué demonios olvido tan fácilmente?

Me he empeñado en grabar con fuego tu nombre en mi frente, tus actitudes, tus deseos, tus palabras. Pero no lo he logrado. Lo único que me queda es el concepto de ti. El concepto de lo que fuiste... o de lo que eres para mí. Incluso cuando te veo en fotografías ya no te reconozco... no viene a mí esa sensación de familiaridad, a pesar de qué sé a ciencia cierta que eres tú en la foto. Sin importar qué tan vieja sea. 

¿Por qué me pasa esto? 

Y lo peor de todo es que te extraño, por eso pienso en ti casi todos los días. Te quiero muchísimo, te amo. Tengo muchísimas cosas que me gustaría decirte, compartir contigo, reclamarte, agradecerte... Pero ya no es posible. Y ya no lo será nunca. Fuiste una persona tan importante en mi vida, tan crucial... Y ya no te recuerdo. 

Lloro, simplemente por eso. Dicen que las personas mueren cuando ya nadie los recuerda.

¡Pero, lo juro, juro que no te estoy dejando morir a propósito!

¡¡NO ES MI INTENCIÓN!!

¡Yo quiero que vivas en mis recuerdos, quiero tenerte presente, a mi lado! 
¡Quiero mantener esa conexión contigo...!


Sin embargo, de  poco  valen  mis  esfuerzos. 

Día con día, te observo morir. 
Mueres en mi mente. 


Y el momento llegará, en el que habrás muerto dos veces...



Perdóname, papá. 

martes, 3 de junio de 2014

El jardinero

Sus tres mujeres lo acompañaban, todas en perfecta sintonía, mientras él luchaba por tomar el aire.
No había otro ruido en la habitación más que su respiración entrecortada y el pitido incesante del aparato que estaba a un lado. De vez en cuando se dejaba escapar un sollozo. Todas miraban, expectantes.

No te vayas, amor mío, sin despedirte de mí. 

La más grande no se atrevía a tocarlo. Le bastaba con sentarse al lado izquierdo de su cama y observar. Se le notaba cansada, muy cansada. Sin embargo, ella se mantenía en guardia, aunque no firme ni serena. Era, de las tres, la que más recuerdos tenía. Esa noche su mente era un torbellino. Los recuerdos iban y venían, algunos felices y otros no tanto, sin embargo ella simplemente los observaba con pesar.

Te he vigilado toda la noche y ahora mi párpados están pesados y con sueño. 

La que tenía más entereza era la de en medio. Esa mujer le había escogido, esa mujer le había sufrido. Había sido inmensamente feliz con él y le dolía en el alma lo que ahora estaba pasando. Pero ella mantenía su firmeza, pues pensaba en sus deberes. No podía permitirse ningún momento de debilidad. Su principal razón de vivir y soporte se escurría ante sus ojos, pero ella mantenía la calma externa. Por dentro estaba gritando, como una niña asustada, pero eso ninguna de las otras dos mujeres lo veía.

Temo perderte cuando esté durmiendo.

Ninguna de las tres mujeres permitían que sus párpados se rindieran.
De repente, el lanzó un quejido y su respiración se interrumpió momentáneamente. La segunda mujer posó su mano en su cara de inmediato dándole consuelo, pues se encontraba a su lado, de pie.

Me sobresalto y extiendo mi mano para tocarte. Me pregunto a mí misma: "¿Será esto un sueño?"

A los pies de su cama se encontraba la más pequeña. Sus ojitos estaban llenos de terror y de tristeza, los mantenía posados sobre él, mientras sus manos acariciaban sus pies. Sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo, y no sabía qué era lo que debía hacer. No podía hacer nada para ayudar. De las tres, era la que había compartido menos tiempo con él y la que más disgustos le había ocasionado.

Desde los pies de la cama, miraba a las otras dos mujeres. Compartía el dolor de la primera, mas no lo entendía por completo. Observaba la ecuanimidad de la segunda y eso le daba justo el ánimo suficiente para no romper a llorar. No debía romper a llorar pues sabía que, en cuanto lo hiciera, la segunda mujer perdería la compostura.
Por ello le acariciaba suavemente sus pies, como tantas veces atrás lo había hecho, algunas de ellas incluso con disgusto. Ya ahí no había disgusto, sólo existía el deseo desesperado de detectar alguna especie de respuesta. Pero él ya no respondía.

¡Ah! ¡Si acaso pudiera enredar tus pies con mi corazón y estrecharlos contra mi seno!

Él no podía contestarles. No podía consolarlas.

Hubiera dado todo lo que tenía para poder decirles que sabía que estaban allí. Que las amaba por igual a las tres, de manera particular a cada una de ellas. Que estaba agradecido por poder estar ahí con ellas. ¡Ah! ¡Si tan sólo pudiera decir una palabra!
Pero estaba débil. Cansado.

Resignado.

Deseó seguir formando parte de sus vidas, deseó por observar, poder compartir... abrazar. Regañar con los errores y felicitar en los triunfos.

Intentó verlas... y despedirse.

No te vayas, amor mío, sin despedirte de mí. 

Con tristeza, horror y súbita conciencia de lo que estaba sucediendo, su madre, su esposa y su pequeña hija escucharon al aparato detenerse, para después continuar en un sonido constante que taladraba sus oídos... y su corazón.

lunes, 2 de junio de 2014

Imagina

Puedes imaginarte las muchas cosas que te diría, mas no lo  haré.
No puedo y no debo hacerlo.
Aunque todos somos libres... así que tú imagina.